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'El final de Oak Street': vasos comunicantes entre pasado y presente

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15.08.2026

Opinión 'El final de Oak Street': vasos comunicantes entre pasado y presente

@reinohueco @reinohueco.bsky.social

@diegos_lgado @diegosalgado.bsky.social

“Somos como mariposas que vuelan durante un día pensando que lo harán para siempre”. No tarda demasiado David Robert Mitchell en explicitar el argumento de El final de Oak Street, su cuarto largometraje en quince años y su regreso por la puerta grande a la actividad cinematográfica tras la fascinante —y fallida— Lo que esconde Silver Lake (2018).

La frase pertenece al científico Carl Sagan, citado a vuelapluma en El final de Oak Street para legitimar la delirante aventura que experimenta la familia Platt, cuya idílica urbanización suburbial sufre una dislocación espacial y temporal que la sitúa en el periodo Cretácico. ¿Sobrevivirán Denise (Anne Hathaway), Greg (Ewan McGregor) y sus dos hijos a las continuas amenazas representadas por los tiranosaurios rex y demás animales propios del Cretácico? ¿Serán capaces de hallar un portal de regreso a su época, los Estados Unidos de 1982? Y, sobre todo, ¿servirá la experiencia al objeto de salvar el matrimonio de Greg y Denise, atrapados en una red de secretos y mentiras, en una cotidianidad sin alicientes, incapaz de nutrir expectativas?

Para Mitchell, la solución a la crisis matrimonial de los Platt consiste en abocarles a una prueba de supervivencia extrema en un entorno salvaje, sin máscaras ni disfraces, para recordarles que nuestras existencias duran un instante, que la ilusión de permanencia es un espejismo; y que, por lo tanto, cada minuto de nuestras vidas constituye una aventura, incluso si nos han tocado en........

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