El incendio de Los Gallardos y la urbanización caótica del suelo rústico
Análisis El incendio de Los Gallardos y la urbanización caótica del suelo rústico
Hemos asistido con consternación a este tremendo incendio que esta vez ha afectado al Levante almeriense. Este incendio forestal se ha cobrado víctimas, recursos y enseres y nunca debió haberse producido. Pese a su virulencia y pérdidas humanas, no es el primer caso en el que concurren una serie de factores que propician este tipo de desastres, la mayoría de los cuales ya han sido suficientemente explicados por diferentes especialistas: el aumento de biomasa vegetal tras un invierno inusitadamente lluvioso; la sucesión de olas de calor desde la primavera; y por último la existencia de fuertes y constantes rachas de viento de orientación variable.
Son los ingredientes típicos de un incendio forestal. Algunos se sorprenden de que en una provincia, como Almería, fuertemente desforestada en vegetación arbórea, se puede producir este tipo de incendios, pero hemos de recordar que, aunque es cierto que los árboles son muy escasos y en grandes extensiones totalmente ausentes, en esta provincia existe una extensa vegetación arbustiva que tapiza todo el solar rústico, con el elemento especial de ser una vegetación que, adaptada a largos periodos de sequía, tiene tejidos que resisten esta inclemencia a costa de extremar la disminución de contenido hídrico, convirtiéndose en un elemento de muy fácil y rápida ignición, como se ha demostrado en el incendio de Los Gallardos, donde se alcanzaron velocidades de fuego de hasta 100 metros por minuto.
Sin embargo, lamentablemente, esto no es nuevo, se reitera verano tras verano, con ligeras diferencias atribuibles a la variabilidad de estos factores que concurren en un incendio. Las causas de los incendios se conocen perfectamente, no es por este camino por el que hay que progresar, sino por otro que ya es de carácter social: ¿por qué vive tanta gente en el campo? Esto es, a nuestro juicio la cuestión más importante, a la vez que más difícil de abordar. Porque son las ciudades y los pueblos donde la gente tiene que vivir, y así lo reconoce el ordenamiento urbanístico, que distingue entre un suelo urbanizable (en el que la ciudad va creciendo) y un suelo no urbanizable, en el que lo que prevalece es un alejamiento, más o menos importante de la vecindad, produciendo una dispersión de viviendas que, por definición no forman ciudad sino algo que muchos quieren aparejar al cortijo, que incluye no solo la vivienda, sino extensiones de terreno que permiten mantener las distancias con el vecino, porque para vecinos, mejor la ciudad.
Lo paradójico es que, a pesar del ordenamiento........
