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Las mujeres de las Brigadas Internacionales que llegaron a España para defender la República hace 90 años

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27.07.2026

No habían nacido en España ni hablaban la misma lengua. Procedían de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia, Bélgica, Argentina, Polonia o Palestina. Algunas eran médicas y enfermeras; otras, periodistas, fotógrafas, maestras, artistas, escritoras, obreras o militantes políticas. Pese a sus diferencias, compartían una misma certeza: permanecer indiferentes ante el avance del fascismo era una forma de complicidad.

Cuando el golpe militar de julio de 1936 amenazó la legalidad democrática de la Segunda República, miles de voluntarios decidieron viajar a España. Mientras Alemania e Italia enviaban aviones, armamento y soldados para sostener a los sublevados, las democracias europeas se refugiaban en una política de no intervención que dejó al Gobierno republicano en una situación de enorme desventaja.

Entre 1936 y 1938 llegaron alrededor de 35.000 voluntarios procedentes de más de medio centenar de países. La mayoría eran hombres, pero entre ellos viajaron también centenares de mujeres. Algunas se integraron en las Brigadas Internacionales; otras colaboraron desde organizaciones sanitarias, sindicatos, partidos políticos, periódicos y comités de ayuda humanitaria.

Durante mucho tiempo, su presencia quedó reducida a la imagen de una enfermera inclinada sobre una camilla. Sin embargo, hicieron mucho más. Trabajaron en hospitales de campaña, condujeron ambulancias bajo los bombardeos, organizaron bancos de sangre, evacuaron a civiles, cuidaron a niños refugiados, tradujeron documentos, tomaron fotografías, escribieron crónicas y recaudaron fondos. Algunas también empuñaron las armas.

Todas comprendieron que en España no se libraba únicamente una guerra civil. Era el primer gran intento de detener al fascismo en un conflicto que terminaría extendiéndose por Europa.

Felicia Browne, los pinceles en el frente

La británica Felicia Browne llegó a España durante el verano de 1936, cuando las Brigadas Internacionales todavía no se habían organizado oficialmente. Pintora, escultora e ilustradora, abandonó una prometedora carrera artística para incorporarse a una columna que combatía en Aragón.

Llevaba siempre consigo un cuaderno en el que dibujaba a milicianos, campesinos y habitantes de los pueblos atravesados por la guerra. Sus obras no mostraban héroes idealizados, sino rostros cansados y escenas cotidianas de quienes intentaban detener el avance de los sublevados.

El 25 de agosto de........

© El Plural