Valledupar y los therians: bestiario único
La contemporaneidad nos arroja, con frecuencia, fenómenos que la mirada superficial cataloga como extravagancias lúdicas, pero que, bajo un examen riguroso, revelan fracturas ontológicas profundas. La reciente emergencia de los therians —aquella juventud que busca refugio identitario en la piel y el instinto de la bestia— constituye un síntoma de una búsqueda de alteridad. No obstante, en Valledupar, esta transmutación simbólica ha precedido por décadas a cualquier tendencia digital. Nuestra vida pública, observada desde la atalaya de la razón crítica, se manifiesta como un bestiario moral donde el ciudadano, despojado de su dignitas, se mimetiza con la fauna para sobrevivir a la intemperie institucional.
Esta urbe, que despierta entre el eco de los fuelles y el polvo suspendido que desciende de la Sierra como un velo melancólico, padece una mansedumbre que evoca el pastoreo proselitista. En las jornadas donde se decide el destino común, el electorado suele adoptar la conducta del rebaño. La voluntad individual, que debería ser el baluarte de la democracia, se diluye en una colectividad dócil que persigue el silbido del pastor circunstancial. La memoria política, lejos de actuar........
