Paolo y Lorenzo
Hay momentos en que las semillas de la vida, sin previo aviso, se esparcen y germinan, y de nuestra madre, que es la Tierra, brotan minúsculas luces que indican la prolongación de nuestra existencia, dejándonos como faros en tiempos de oscuridad para guiar esas tímidas y titilantes luces que llevan el ritmo de nuestro corazón.
No hay forma de describir el emotivo instante en que la diminuta mano de un recién nacido aprieta tu dedo, y mucho menos lo que aquellos ojitos curiosos te dicen con la mirada cargada de ternura. Le pones palabras en su boca, aun ausentes y desconocidas en su ser; te embobas y te despojas de tu fortaleza ante la caricia que buscas de su piel tan delicada y tersa. Desnudas tu mente y la expones ante lo que irradie aquel recién llegado a tu vida.
Si bien es cierto que el amor de un padre hacia sus hijos es algo maravilloso, considero que el amor que despierta la llegada de un nieto lo supera sin poder cuantificar su esencia. Es entonces cuando piensas y reflexionas que valió la pena........
