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Escribir la guerra

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03.04.2026

Opinión | DAME UNA NOCHE

A veces das con libros que se acercan más que otros al horror, como ‘Compañía K’, de William March

Un fotograma de la película ‘Compañía K’. / EP

Las guerras legan ruinas, muertos, vidas destrozadas, generaciones perdidas y, en un momento dado, novelas y poemas. La necesidad de contar va siempre más lejos que cualquier reacción humana ante la realidad. Difícil que una devastación la detenga. Es así: siempre después de las guerras habrá libros. Pasará también tras la guerra de Irán, como antes sucedió con tantas y tantas contiendas, desde la de los aqueos y los troyanos en adelante. Es facilísimo citar títulos porque muchos han alcanzado la condición de clásicos, obras maestras que resisten el paso de los siglos. Ninguna época tan pródiga, por supuesto, como los siglos XIX y XX, con sus guerras europeas, mundiales, civiles, etcétera.

Hay siempre una distancia imposible de recorrer entre vivir una guerra y leerla, obvio. Leerla sirve para hacerse una idea de su alcance. Idea lejana. No se puede aspirar a más: un relato es eso, una aproximación a lo que pasó realmente. Pero a veces das con libros que se acercan más que otros al horror. Me pasó con 'Compañía K', de William March, una especie de biblia de la Primera Guerra Mundial publicada en España por Libros del Silencio.

Estructurada........

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