Los ídolos
Opinión | El ruido y la furia
La imputación de Zapatero por supuestos delitos genera decepción y reflexiones sobre la fragilidad de los ídolos creados por la sociedad
José Luis Rodríguez Zapatero mira el reloj. / José Luis Roca
Alguna vez, claro que sí, como todos, he puesto en alguien mis esperanzas. Alguna vez, por supuesto, como cualquiera, pensé que tal o cual era el paradigma de la honradez, la bondad, la ética, aquella persona en quien mirarme para tratar, algún día, de ser su reflejo. Pero tantas veces lo hice, tantas erré.
Una de las condiciones esenciales del ídolo es que no puede autogenerarse, siempre es creado por los otros, por quienes, en un determinado momento, por una serie de circunstancias, acciones o discursos, dan en otorgarle un valor supremo, elevado sobre la mediocridad de la mayoría, estos pobres mortales que acarreamos, como podemos, nuestras vidas y miserias. Olvidamos, con frecuencia, que todos somos humanos, y que, por lo tanto, como en aquella tan repetida frase de Publio Terencio Africano, nada humano nos es ajeno.
Otra de las condiciones habituales del ídolo es que siempre decepciona. Pero aquí deberíamos hacer un alto y reflexionar, porque........
