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¿Qué está realmente en juego en el balotaje cruceño?

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01.04.2026

El 19 de abril, los cruceños regresan a las urnas para definir quién gobernará el departamento más grande, más poblado y más rico de Bolivia durante los próximos cinco años. Pero describir este balotaje como una simple repetición de la primera vuelta sería perder de vista lo que realmente está en juego.

Un balotaje no es una elección prolongada. Es una elección distinta. En primera vuelta el electorado expresa preferencias entre varios candidatos. En segunda vuelta toma una decisión entre dos. Juan Pablo Velasco, de Alianza Libre, obtuvo alrededor de 423.000 votos en la primera ronda. Otto Ritter, de Santa Cruz Para Todos, acumuló cerca de 400.000. La diferencia es de apenas dos puntos porcentuales: no es una ventaja, es un empate técnico que se resuelve el 19 de abril con los votos de quienes no eligieron a ninguno de los dos.

Ese es el campo de batalla real.

El peso de lo que se decide

Santa Cruz genera el 29,6% del Producto Interno Bruto nacional. Es el departamento más poblado del país con más de 3,1 millones de habitantes. Tratarlo como un asunto interno cruceño es un error de perspectiva: lo que se gobierne o desgobierne en Santa Cruz durante 2026-2031 tiene consecuencias directas sobre la economía boliviana, sobre la autonomía regional como modelo político y sobre la relación entre el oriente productivo y el Estado central.

Tres definiciones concretas

Más allá de los discursos, este balotaje tiene al menos tres definiciones concretas que lo distinguen de una elección ordinaria.

La primera es el modelo de gestión pública. Santa Cruz debate desde hace años si su gobernación debe operar como estructura técnica orientada a resultados medibles o como maquinaria política de distribución de recursos. No es un debate abstracto: se expresa en cómo se asignan contratos, cómo se priorizan provincias y cómo se relaciona la gobernación con el sector productivo. El perfil de quien gane responde esa pregunta por cinco años.

La segunda es el Hub Viru Viru. El aeropuerto internacional de Santa Cruz tiene el potencial técnico documentado para convertirse en el cuarto hub de Sudamérica, junto a Guarulhos en Brasil, El Dorado en Colombia y Jorge Chávez en Perú. Hoy moviliza aproximadamente cuatro millones de pasajeros al año y genera un impacto económico estimado entre 800 y 1.600 millones de dólares anuales, sosteniendo alrededor de 44.000 empleos directos e indirectos. Concretarlo como hub duplicaría esas cifras. Sin embargo, el proyecto lleva más de una década en el limbo. Lo intentó Morales con financiamiento chino, lo intentó Áñez con respaldo francés mediante el Decreto Supremo 4347, y el gobierno de Arce firmó acuerdo con la IATA sin que hasta 2026 exista una pista nueva ni una terminal de largo alcance: solo Bs. 49,88 millones ejecutados en mejoras menores de plataforma, pavimento y servicios básicos. El actual gobierno del presidente Paz sostiene reuniones con empresas internacionales y señala que aerolíneas como Emirates y Turkish Airlines han expresado interés, pero aún no hay obra. Lo que decida la próxima gobernación sobre política aeronáutica y presión al gobierno central definirá si ese sueño se concreta o se archiva por otra década.

La tercera es la dimensión regional. Santa Cruz comparte historia económica y demandas estructurales no resueltas con Beni y Pando. Una gobernación con visión de bloque oriental es cualitativamente diferente a una que mira hacia adentro. En 19 días, los cruceños no solo eligen un gobernador: contribuyen a definir si el oriente boliviano actúa como región con agenda propia ante el Estado central, o como suma de departamentos con demandas dispersas que La Paz administra a conveniencia.

Dónde se gana y se pierde

Los votos de los candidatos eliminados no se trasladan automáticamente: se disputan. Y se disputan en territorios específicos: en provincias del interior que no se sintieron interpeladas con fuerza por ninguno de los dos finalistas, en comunidades chiquitanas, guaraníes y productoras del oriente cruceño a las que el debate capitalino pocas veces llegó con propuestas claras. Ahí, en esos márgenes territoriales, se gana o se pierde este balotaje.

El 19 de abril, cruceñas y cruceños tienen la palabra. Y lo que decidan ese día tiene consecuencias que van mucho más allá de las fronteras de su departamento.


© El País