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Un expresidente en prisión

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21.03.2026

El expresidente de Francia, Nicolás Sarkozy, después de una investigación que duró más de 13 años sobre la financiación de su campaña electoral, fue puesto en prisión preventiva, increíble, en una de las cárceles más duras de Francia y, luego, por orden del Tribunal correccional, fue nuevamente internado durante tres semanas interminables. Y entiendo que ahora, en libertad, está tramitando algunos recursos jurídicos para liberarse de lo que él mismo ha considerado una decisión brutal.

Bienvenido al infierno dice en alguna parte de un libro muy original, impactante, titulado: El Diario de un Prisionero, publicado en diciembre de 2025 y que ojalá traduzcan pronto, porque es un testimonio inusitado.

Es que se trata del calvario, así lo denomina Sarkozy, que lo experimentó durante varias semanas, un expresidente que fue respetado en el mundo, y que se distinguió por su capacidad para innovar y para manejar las relaciones internacionales. Por lo menos en dos ocasiones recibió al presidente Álvaro Uribe, en relación, principalmente, con el tema de la liberación de Ingrid Betancourt.

Lo asombroso de este diario es que revela la enorme sensibilidad de Sarkozy, con respecto a todos los detalles que se viven en una prisión. Difícil creer que cuando uno cree haber recorrido ya un largo camino de su encarcelamiento, después de haber leído las primeras 84 páginas, tan sólo se ha cumplido una semana. Es que la lectura se convierte en una especie de acompañamiento casi minuto a minuto de la terrible experiencia que debió sufrir el expresidente francés. No se le escapa ningún detalle. Percibe todo, tiene un juicio sobre los más mínimos detalles y por eso es imposible no compartir con él esa injusta experiencia.

Desde el desayuno con su familia hasta la llegada a la cárcel y el saludo con las diferentes autoridades, Sarkozy va describiendo las diferencias, las sutilezas de cada encuentro y va emitiendo juicios al respecto, como destacar lo que llama ¡la humanidad de sus guardianes en todos los niveles! 

El lector no puede menos de acompañar a Sarkozy en esta experiencia, por la forma tan sencilla en que está elaborado ese diario y tan personal, que hace imposible que el lector no viva cada momento de esta sórdida situación. Como lo reitera, el odio no tiene límites.

Fue muy paradójico. Por razones de seguridad a Sarkozy se le negaron todos los beneficios que cualquier otro prisionero tenía. Estaba recluido en su celda. No podía salir ni al corredor ni a los patios ni al gimnasio. En su celda de diez metros cuadrados había una silla y una cama. Apenas si podía moverse. Estaba en la sección más peligrosa y ya en los primeros días se descubrió un atentado contra su vida. Y por ello, tuvo una guardia permanente, día y noche.

Sarkozy siempre consideró que la decisión del tribunal correccional había sido injusta. Demuestra cómo no existió ninguna prueba que pudiera inculparlo y cómo se le llevó a la cárcel sin que existiera realmente una condena. Le retiraron la condecoración de la legión de honor como habían hecho con Dreyfus, otro caso de escandalosa injusticia. Sarkozy medita sobre el funcionamiento de la justicia y considera que el privilegio de la independencia debe ir acompañado del deber sagrado de la imparcialidad que él considera no tuvo lugar en su caso. Es impresionante comprobar cómo logró superar una situación tan deplorable gracias a su capacidad de meditar, de soñar, y de anhelar su libertad y, es la verdad, al gran apoyo que recibió de su esposa Carla Bruni.

Este diario, al mismo tiempo una meditación sobre la vida, es un reencuentro con la espiritualidad y la vida interior, una reafirmación de lo importante que es la familia por encima de todo lo demás.

Días y noches interminables. En la cárcel, Nicolás Sarkozy recomenzó su vida, así concluye su diario.


© El Nuevo Siglo Bogotá