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Campaña electoral

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21.02.2026

Estamos en una campaña presidencial muy curiosa. Tenemos muchos candidatos presidenciales, tres consultas interpartidistas que reúnen a 15 candidatos para solamente dejar en vigencia a tres de ellos y tenemos bien claro que ni el partido liberal ni el partido conservador ni Cambio Radical ni la U tienen candidato presidencial. Extraño.

Se entiende que la principal preocupación de un partido político es la de organizarse para conseguir adeptos en su calidad de militantes o de simpatizantes, para así aspirar a los cargos públicos, en primer lugar, de las corporaciones (asambleas, concejos y congreso) y, a partir de eso, para ocupar los puestos burocráticos que le permitan implementar sus plataformas ideológicas o programáticas y así mantener su presencia y, en consecuencia, alcanzar más adeptos y militantes.

Por supuesto, el objetivo mayor es de alcanzar la presidencia de la República, que es la que le permite no solamente proyectar su plataforma programática, sino designar los ministros y otros altos funcionarios para las diferentes agencias autónomas, en virtud de las cuales logra, además de la implementación de su plataforma, la formación de nuevos liderazgos y la visibilidad y credibilidad para nuevas figuras que puedan ejercer.

Antes cuando no se elegían ni los alcaldes, ni los gobernadores, era muy importante designarlos, y así incrementar el elenco de figuras políticas con liderazgo, que enriquecían el repertorio de personalidades que aspiraban a ministerios, gerencias, embajadas, etc…

Por ello, resulta tan sorprendente que esos partidos, dos de ellos, con una tradición histórica más que centenaria, carezcan hoy de esas personalidades que ambicionan el más alto cargo de la nación o se encuentran en una situación en la cual resulta muy complejo y hasta conflictivo, así como costoso adelantar el proceso interno que lleve a la escogencia de candidatos presidenciales. Y más sorprendente aun cuando existen dos mecanismos para seleccionar esos candidatos, aliviando así los conflictos internos.

Esos mecanismos son las consultas partidistas, las interpartidistas y luego las elecciones de primera vuelta. El Centro Democrático, por ejemplo, ha utilizado el mecanismo de consulta interna -vía encuestas- y ahora con su candidata Paloma, Valencia está buscando, en una consulta interpartidista el 8 de marzo, la construcción de una coalición que ojalá resulte mayoritaria para así ir a la primera vuelta y encontrar el camino definitivo de la segunda vuelta. ¿Y por qué no ocurre lo mismo en los otros partidos arriba mencionados?

Renunciar a tener un candidato presidencial es contribuir al debilitamiento de una fuerza política. Es un precio muy alto. Los militantes y simpatizantes que ostentan el orgullo de ser miembros de ese partido tienen que sentirse bastante defraudados cuando llegan a la situación de tener que votar y quién sabe si trabajar en favor de una candidatura de otro partido, al cual no pertenecen. Muy raro.

No sé de situación similar en partidos de tanta importancia en otras partes del mundo.


© El Nuevo Siglo Bogotá