Fútbol e identidad
Orwell decía que el deporte de alta competencia es la guerra, pero sin los disparos. Por eso un Mundial sirve para reflexionar sobre la identidad nacional desde el fútbol: revela quiénes somos. Cada selección juega, sin proponérselo, una radiografía de su país. Y este Mundial 2026 fue una clase magistral.
Ahí está Argentina: aguerrida hasta la trampa, capaz de la remontada imposible y también de la cochinada evitable. Le hizo a Inglaterra lo que tantas veces le hace al mundo: perdía 1-0 cuando entraba la última media hora y, de repente, aparecieron Enzo Fernández y Lautaro Martínez, asistidos por Messi, para darle vuelta al partido en dos minutos de locura. Su fútbol volvió a despertar ese sentimiento antiargentino que aflora cada Mundial. Nadie le discute el talento ni la garra. Se hace odiar sola. Es la misma mezcla de genialidad, picardía y exceso con la que tantas veces ha administrado su economía: capacidad de sobra, remontadas de infarto y un talento casi genético para dar la última zancadilla que arruina la fiesta. Un país que gana con el corazón y que, además de tres Copas del Mundo, también colecciona campeonatos de autosabotaje.
España........
