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No hay niños flojos

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24.07.2026

Si queremos un sistema educativo más justo, no basta con reconocer el mérito: debemos preguntarnos primero si todos tuvieron realmente la oportunidad de demostrarlo.

En el marco del proyecto que reforma el Sistema de Admisión Escolar (SAE) —hoy en discusión en el Congreso—, uno de los conceptos que ha cobrado mayor protagonismo es el reconocimiento del mérito académico y el esfuerzo como criterios para acceder a los establecimientos con alta demanda.

La propuesta permitiría que esos colegios ponderen, entre otros factores, el rendimiento académico desde séptimo básico. Es precisamente sobre este punto donde resulta necesario detenerse y reflexionar.

Hablar de mérito parece, a primera vista, una idea justa. ¿Quién podría estar en contra de reconocer el esfuerzo de un estudiante? El problema surge cuando ese criterio se transforma en la llave principal para acceder a un cupo en los colegios más demandados, porque entonces corremos el riesgo de invisibilizar todo aquello que ocurre mucho antes del resultado académico.

Detrás de cada estudiante existe una historia. Y, particularmente en quienes crecen en contextos de mayor vulnerabilidad, esa historia muchas veces está marcada por la pobreza, la negligencia, la violencia intrafamiliar, el abandono, los problemas de salud mental, el consumo........

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