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Violencia es mentir: población Marta Brunet, Bajos de Mena

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05.05.2026

Bajos de Mena aparece en la tele cuando hay sirenas, luces rojas y una cámara temblorosa que se asoma a un pasaje siempre húmedo.

En esos segundos de noticiero, la violencia viste ropa deportiva, dispara al aire y usa un lenguaje de balas; los titulares hablan de “ola delictual”, “nuevo ataque armado”, “foco de criminalidad”. Después, el móvil televisivo se retira, cambian de tema y el barrio vuelve a quedar solo con su ruido más persistente: el goteo de las filtraciones sobre un balde azul, el crujido del concreto agrietado, el olor espeso que sube de los alcantarillados colapsados hace más de veinte años y el silencio ensordecedor de una multicancha abandonada por el Estado, donde el eco de las risas infantiles se pudrió bajo el sol y la maleza, testimonio mudo de cómo también el Estado abandonó a un barrio entero.

En la Villa Marta Brunet, a la orilla de ese mapa mental que la ciudad prefiere no mirar, la violencia también es otra cosa. Es una carta sin respuesta, una promesa de demolición que se aplaza una y otra vez, un número de expediente que cambia de folio misteriosamente.

La violencia es la ceremonia oficial donde se entregan llaves de departamentos nuevos, con autoridades sonriendo frente a las cámaras, mientras a pocos metros de ahí cientos de familias siguen viviendo en las mismas casas que se gotean desde las lluvias de 1997. Y nadie les explica por qué quedaron fuera del corte.

En Marta Brunet, la violenta mentira es muros húmedos, insalubridad y riesgo, pero también reside en documentos que siguen perdidos en algún estante del Serviu. Aquí la violencia no solo se escucha en los disparos que perforan la noche, sino en la voz cansada de una dirigenta que repite por enésima vez la historia de su pasaje, la fecha de cada compromiso incumplido, cada reunión donde se........

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