Santiago no tiene plan, por eso se deteriora
La ausencia de plan no es un olvido. Es una elección. La pregunta no es si Santiago puede recuperarse. Es si existirá la decisión de que vale la pena hacerlo.
En 2024, el edificio Aillavilú fue declarado Monumento Nacional, un hecho que debería alegrar: un notable inmueble en el borde del río Mapocho, en el corazón del sector que los urbanistas llaman Mapocho La Chimba, recibe la máxima protección que el Estado chileno puede otorgar a una obra construida. Bien.
No se puede celebrar lo que ocurrió después. El sector público evaluó la posibilidad de comprarlo y recuperarlo. Era una operación con todo el sentido: inmueble en deterioro, de valor patrimonial, rodeado de otros monumentos, a metros de donde confluirán cuatro líneas de metro en la estación Cal y Canto, que será la más grande de la red. Una inversión pública ahí podría haber detonado la regeneración de uno de los sectores más degradados del centro. No prosperó. No se compró.
No ocurrió porque no hay nadie a cargo. No en el sentido de que faltó un funcionario diligente o un alcalde con voluntad, sino porque en Chile no existe la institucionalidad que permita que una operación así –que involucra al municipio, al Gobierno Regional, a varios ministerios, al Consejo de Monumentos Nacionales y al Metro– se coordine, se financie y se ejecute. Cada actor tiene su presupuesto, sus plazos, sus urgencias. Nadie tiene el mandato de ver el conjunto.
El Aillavilú no es una excepción. Es el patrón.
Un lugar extraordinario en una ciudad que no sabe gestionarlo
La comuna de Santiago es el centro geométrico y simbólico de una metrópolis de más de siete millones de habitantes. Allí están la sede del Ejecutivo y los principales ministerios, los museos, teatros y bibliotecas más importantes del país, algunos de los mejores edificios del Movimiento Moderno en Chile, y las primeras expresiones de vivienda social. En términos de densidad patrimonial, es un territorio sin........
