Una ceguera conveniente: el antiambientalismo y sus ocultos beneficiarios
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán y sus consecuencias en el Golfo Pérsico y en el mundo entero demuestran que la verdadera soberanía en el siglo XXI residirá en liberarse de las costosas dependencias energéticas asociadas a los combustibles fósiles.
El refranero popular nos advierte que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Resulta desconcertante observar cómo ciertos políticos y empresarios parecen ignorar los perjudiciales efectos de la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Son genuinos creadores de fábulas antiambientalistas, que construyen relatos que menosprecian la ciencia y evitan referirse a los avances tecnológicos en el campo de las energías renovables.
Es igualmente inexplicable que no reconozcan las consecuencias cada vez más frecuentes y severas de los desastres climáticos, los enormes daños y pérdidas económicas que provocan las tormentas, ciclones, inundaciones, incendios forestales, marejadas, sequías, olas de calor y olas de frío.
Esta aparente incapacidad para percibir la realidad nos sugiere que padecen de una “ceguera conveniente”. El exponente más archiconocido es el presidente Donald Trump, quien se ha convertido en un referente de esta posición, atrayendo a un número creciente de seguidores que encuentran refugio en su círculo de poder. Entre ellos se encuentra nuestro Presidente, José Antonio Kast, y todos los miembros de su gabinete.
Estamos presenciando un fenómeno que se alinea de manera preocupante con esta postura: movimiento político que, instrumentalizado por intereses económicos miopes, construye su identidad política sobre la negación sistemática del cambio climático y de la crisis ambiental que conlleva. Esta actitud no es solo errónea científicamente, sino que representa una amenaza tangible para nuestras democracias, economía y el futuro de nuestro país.
Ejemplos de “ceguera conveniente”
La retórica antiambiental de la ultraderecha rara vez es ideología pura; frecuentemente es la fachada política de conglomerados económicos que priorizan ganancias a corto plazo sobre la sostenibilidad a largo plazo. Citemos algunos ejemplos.
En Italia, el Gobierno de Giorgia Meloni ha favorecido abiertamente a grupos energéticos tradicionales como ENI e importadores de gas, mientras ralentiza la expansión de renovables. Su decreto “Simplificación”, de 2023, ha facilitado la explotación de gas en el Adriático y se ha opuesto limitando la instalación de plantas solares en terrenos agrícolas, una victoria para el lobby agroindustrial y energético, sectores partidarios de los combustibles fósiles. La retórica “soberanista energética” enmascara la idea de depender de estas fuentes de energía de manera permanente.
En Argentina, en el Gobierno de Milei, se ha impulsado una ley ómnibus que debilita significativamente la protección de glaciares y humedales, beneficiando directamente a empresas mineras y agroexportadoras. Grupos como la Sociedad Rural Argentina y cámaras mineras han celebrado la eliminación de las “trabas........
