¿Adónde va la política exterior?
Son muchos los estrategas de diferentes puntos del planeta que coinciden en que el viejo orden que nos gobernó hasta hace poco se acabó y que se viene una nueva etapa en la cual todo esta abierto. ¿Que dice nuestra Cancillería ante eso?
La política exterior y la política de defensa son, por excelencia, políticas de Estado; es decir, políticas que persiguen objetivos de largo plazo, que van más allá de la coyuntura e incluso de una gestión de gobierno. Son, por esencia, políticas nacionales, transversales, que requieren de un respaldo amplio y consensuado de la comunidad nacional. Recientemente analizamos el momento de la política de defensa y prometimos una mirada a nuestra diplomacia.
Dado su carácter estatal, la política exterior requiere de un órgano especializado, en este caso la Cancillería, que garantice experiencia en el tema y conozca el teatro de operaciones en el cual debe operar, en otras palabras, las complejas aguas de la política internacional. Esto, que ya es un desafío, se torna imperioso cuando vivimos drásticos cambios tanto en la agenda política como sus consecuencias en la economía y la convivencia entre las naciones.
Todo lo anterior avala la necesidad de disponer de una sólida diplomacia dado que, como no somos potencia (no tenemos armamento nuclear, ni portaaviones, ni misiles hipersónicos), para la defensa de nuestros intereses en la escena internacional tenemos preferentemente el campo de los acuerdos multilaterales, de las alianzas con países amigos y de la habilidad de nuestros diplomáticos.
La política exterior no se agota en comercio exterior
Siguiendo con las aclaraciones, la política exterior se mueve en el ámbito de las relaciones entre Estados o de organizaciones que agrupan a parte de ellos, sea por razones geográficas, (como la UE) o sectoriales (como la OMC), asumiendo que, con todas sus virtudes y problemas, Naciones Unidas constituye el foro más importante del planeta.
Por tanto, es complejo cuando se confunde política exterior con comercio internacional. Este último es una parte de la primera, pero no la agota. Puede ser una parte importante, como es nuestro caso, dado el modelo de desarrollo que hemos adoptado, pero Chile sigue teniendo la necesidad de cautelar otros fines tanto o más importantes, como son la integridad territorial, la protección de su población y la preservación de su soberanía.
Ha sucedido en el pasado reciente que esto se ha confundido gravemente, como sucedió en la derrota que sufrió nuestra diplomacia ante el Perú por el límite marítimo. Las autoridades de entonces -de gran experiencia empresarial- llegaron a adoptar la estrategia de “las cuerdas paralelas”, que con habilidad nos propuso la diplomacia del Rimac. Bien por el Perú, pero fue un demoledor del principio de “intangibilidad de los tratados” que sostuvo nuestra diplomacia por décadas.
En la actualidad, en medio de la disputa por la hegemonía global, cada día tenemos ejemplos de algunas potencias que hacen tabla rasa de compromisos firmados previamente. Eso vale también para los TLC que hemos firmado y aún así se nos amenaza con aplicar unilateralmente aranceles a nuestros productos, sin recurrir al mecanismo de solución de controversias que cada tratado estipula.
Los primeros 100 días de la diplomacia en la actual administración
Obviamente es un plazo corto para evaluar una........
