La emergencia real que se vive en Chile y el papel de la izquierda en su superación
Improvisó donde prometió mando y fue eficaz solo donde nadie se lo pidió, y llamó emergencia a la seguridad, cuando su verdadera prioridad era la agenda económica. Quien conduzca la emergencia real gobernará el próximo ciclo
Todo gobierno que llega prometiendo salvar al país de una “emergencia” contrae una deuda extraña: debe demostrar, cada día, que el problema existe y que él es la solución. Mientras la gente crea esa historia, el dispositivo funciona; cuando deja de creerla, se vuelve en contra.
Es lo que muestran las cifras a poco más de cien días del nuevo gobierno. Según Cadem, el Presidente Kast partió en marzo con 57% de aprobación, a comienzos de julio marca 37%, con 60% de desaprobación; Criteria lo sitúa en 39% durante tres semanas seguidas de junio, con mayorías de rechazo sostenidas desde abril; y la encuesta La Cosa Nostra agrega que un 61% considera la gestión peor de lo que esperaba. Pero hay un matiz decisivo que conviene no perder: Kast pierde los votos prestados, no los propios. Entre quienes lo votaron en primera vuelta, la aprobación se mantiene alta: sobre el 70%, según Criteria. Es decir, conserva su piso, su base dura, mientras se evapora la mayoría circunstancial que lo llevó a La Moneda en la segunda vuelta.
Estos resultados son una señal de que estamos ante un gobierno que ganó la elección pero que, social y culturalmente, gobierna en minoría: gobierna para los suyos, y los suyos, claramente, no son todo Chile.
Las palabras con las que se gobierna generan percepciones, opiniones y, sobre todo, expectativas. Cuando se instala el concepto de “gobierno de emergencia”, la gente acepta la noción y empieza a mirar el país a través de él: qué es urgente, qué puede esperar y a quién hay que culpar.
Mientras permanece la idea, el gobierno no necesita justificar nada, porque la categoría trabaja por y para él. Esa es su fuerza, y también su fragilidad: el significante funciona mientras parece una descripción y deja de funcionar cuando empieza a parecer una excusa. Las encuestas registran ese cruce con claridad.
En mayo, según Cadem, un 64% no creía que existiera un plan de seguridad concreto, justo en el área que la ciudadanía identifica como el compromiso central del Presidente.
Su primera cuenta pública condensó la paradoja: fue la más vista desde 2010 —78% se informó de ella—, pero obtuvo la evaluación positiva más baja registrada para un primer discurso de este tipo. Atención máxima, adhesión mínima.
Y La Cosa Nostra midió el famoso concepto: el 53% considera que el “gobierno de emergencia” no representa la situación de Chile y sirve, más bien, para culpar a los gobiernos anteriores.
Quienes marcaron la agenda con la emergencia se han visto atrapados........
