Flipper burocrático universitario
¿Qué relación tiene el simpático juego ochentero con la burocracia? Si lo llevásemos al plano estrictamente conceptual, la respuesta sería “ninguna” a no ser que se intente realizar una equivalencia entre el funcionamiento del “flipper” y los contratiempos que trae consigo una mala administración.
En los últimos años, se hablado profusamente sobre la reforma a la educación superior, abarcando temas como gratuidad, participación, rol de las universidades del Estado, financiamiento, etcétera; Sin embargo, poco se ha dicho sobre uno de los tópicos que considero cruciales, si de mejorar la calidad de las universidades se trata: me refiero a la forma como estas son administradas.
En ese orden de cosas, interesa reflexionar sobre algunas variables relacionadas con el gobierno de nuestras entidades educativas de nivel superior, que afectan la calidad de los servicios que las universidades prestan a sus respectivas comunidades. Utilizaremos para ello una metáfora: el flipper. Se intenta, de este modo, graficar el funcionamiento y la manera inadecuada en la que se operacionaliza la burocracia en algunas organizaciones universitarias, poniendo atención en sus posibles causas y consecuencias.
Los lectores recordarán bien un juego electromecánico que se hizo popular en la década de los 70 y 80 con los nombres de flipper, pinball, petacos o milloncete. Se trataba de una caja inclinada, que funcionaba sobre la base del desplazamiento de una esfera de acero, la que al contacto con una serie de componentes electrónicos asignaba puntajes al jugador. La bola era re-proyectada dentro de la armazón por unas paletas denominadas flippers. Determinadas combinaciones de pasos y de zonas del tablero daban una mejor puntuación, manteniendo........
