“Yo elijo mi PC”: cuando lo importante no cabe en el Simce
Porque detrás de un programa que puede parecer, a primera vista, simplemente una política de entrega de computadores, había una idea mucho más profunda: que el lugar donde nace un niño no debería determinar su acceso a las herramientas con las que construirá su futuro.
Corría el año 2007 y yo era director del Centro de Educación y Tecnología del Ministerio de Educación, más conocido como Enlaces. Desde allí nos tocaba mirar con bastante atención todo lo que estaba ocurriendo en torno a la incorporación de las tecnologías digitales en la educación.
Por esos días, Nicolás Negroponte, fundador del Media Lab del MIT, promovía con entusiasmo su proyecto One Laptop per Child (OLPC). La idea era tan simple como ambiciosa: que cada niño de los países en desarrollo tuviera su propio computador. Negroponte sostenía que, si conseguía órdenes de compra por 5 millones de unidades, sería capaz de producir una laptop por unos US$ 100 –una cifra extraordinariamente baja para la época– y ponerla al alcance de niños que hasta entonces prácticamente no tenían acceso a un computador.
La propuesta generó una enorme expectativa. Muchos países en desarrollo fueron invitados a adoptar el modelo y, como suele ocurrir cuando aparece una tecnología que promete transformar la educación, hubo bastante presión para subirse al carro.
Enlaces recibió el encargo de pilotear experiencias de aprendizaje bajo el modelo de un computador por alumno.
Los pilotos fueron desarrollados por las universidades que formaban parte de la Red Enlaces. Y aquí apareció la primera sorpresa: no logramos encontrar una........
