El cigarro del siglo XXI huele a algoritmo
En una década, probablemente nos preguntemos cómo permitimos durante tanto tiempo que algoritmos diseñados para crear adicción tuvieran acceso irrestricto a cerebros de ocho años. Igual que nos preguntamos hoy cómo alguien pudo fumar en una sala de clases.
Hay un concepto en ciencia política llamado la ventana de Overton. Describe el rango de ideas que una sociedad considera aceptables en un momento dado: lo que se puede decir sin que te miren raro en una cena. La ventana se mueve. Lo que antes era impensable se vuelve radical, luego debatible, luego sensato, luego norma. Y lo que una vez fue norma puede volverse inaceptable.
Hace 40 años, encender un cigarrillo en el avión era perfectamente normal. En una sala de clases también. Nadie pensaba demasiado en ello. Las tabacaleras sabían del daño, tenían los estudios, y eligieron seguir vendiendo elegancia y libertad. La evidencia tardó décadas en mover la ventana. En Chile, recién en 2013 –cuando miles de pulmones ya habían pagado el costo– llegó la ley que prohibió fumar en espacios cerrados. Unos pocos años después, esa imagen –alguien encendiendo un cigarro en un bar, en una sala universitaria o frente a un colegio– nos resulta casi grotesca.
Hoy estamos en un momento análogo. Solo que el producto se llama TikTok, Instagram, o cualquiera de los herederos que........
