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San Antero: ¿Dónde está el agua y dónde está la plata?

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San Antero tiene una historia que parece escrita para una película de contradicciones. Vivimos frente al mar, tenemos la bahía de Cispatá, estamos en la cuenca del río Sinú y tenemos una riqueza natural extraordinaria, pero nuestros habitantes llevan décadas peleando por algo tan elemental como abrir la llave y encontrar agua potable.

Y lo más preocupante es que esta no es una historia de falta de inversión. Es una historia de inversiones, promesas y soluciones que, una y otra vez, anuncian que ahora sí llegará el agua, pero que nunca terminan de convertirse en una realidad para la gente. En 1992, durante el gobierno de César Gaviria, la Nación, la Gobernación y el municipio invirtieron cerca de $900 millones de la época para construir el acueducto de San Antero. En aquellos años, la situación era tan precaria que se hablaba de unos 1.800 burros utilizados para transportar el agua hasta las viviendas. Treinta y cuatro años después, resulta doloroso reconocer que aquella imagen no pertenece completamente al pasado.  Después llegaron las regalías de hidrocarburos y, con ellas, nuevos recursos para intentar salvar al paciente. En 1999, en plena bonanza, se invirtieron miles de millones en albercas de almacenamiento, captación y estación de bombeo. La enfermedad tuvo una leve mejoría, pero nunca desapareció. El diagnóstico seguía siendo el mismo: San Antero necesitaba agua y la solución definitiva nunca llegaba. En 2008 apareció el "operador especializado": Aguas del Sinú. Se suponía que el cambio de manos traería eficiencia y continuidad. Pero el remedio terminó siendo parte de la enfermedad. La frustración de los usuarios creció y, como si el paciente estuviera condenado a cambiar de........

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