La claridad con la que despertamos hoy
El desierto no era el final, sino la forja donde la sed aprendió a cantar. Esta certeza, que hoy se asienta en el espíritu con la solidez del granito, es el residuo glorioso de una sombra que finalmente ha cedido. El velo se ha rasgado, no con el estrépito de lo que se rompe, sino con la naturalidad de lo que madura y se desprende para revelar la médula de las cosas.
El aire, que ayer se sentía denso como el plomo de los naufragios, reclama ahora el sabor del cristal recién lavado. Es una sensación que se instala en la raíz de los........
