¿Cuánto cuesta tu último segundo?
El murmullo digital se escurre sin cesar en la comisura del día. Una pantalla guiña, respira, engulle los segundos con la voracidad de un felino invisible. Quince segundos bastan para demoler un imperio de atención; diez más bastan para sembrar el olvido. Los dedos ejecutan una danza vertical, una procesión infinita donde el tiempo ya no fluye, se quiebra. Un guiño cambia el pensamiento profundo en un eco lejano, disuelto en un remolino del consumo inmediato.
Las mentes modernas viven un espacio anulado, una llanura donde los recuerdos perviven lo que tarda en desvanecerse un destello. La paciencia se ha........
