El derecho que nunca existió
Hubo un tiempo en que una mujer no podía administrar sus bienes, celebrar contratos, votar o decidir plenamente sobre su propia vida. Durante siglos, otros decidieron por ella: el padre, el esposo. La conquista de sus derechos no consistió únicamente en ampliar libertades; consistió, sobre todo, en desmontar una antigua ficción: la de que una persona podía pertenecer a otra.
Las leyes cambiaron. La cultura aún no lo hace con la misma velocidad. Por eso no deja de inquietarme que, hace apenas unos días, algunas voces volvieran a sugerir que el voto de una mujer casada fuera ejercido por su esposo. La propuesta carece de cualquier posibilidad jurídica. Pero revela algo más perturbador: que, pese a los........
