Víctor Maldonado: Incluso para las emergencias se necesitan acuerdos
Esta ha sido una elección en que había un acuerdo en cambiar la pregunta, ¿quién? Por una más específica, ¿por cuánto? No había incertidumbre, faltaba precisar.
El triunfo de Kast se daba por descontado debido a que los candidatos de derecha sumaban mayoría en primera vuelta y su simple agrupamiento ya permitía el triunfo, sin considerar que había más desde donde sacar apoyo.
Siendo este el mejor momento electoral de la derecha en materia presidencial en un siglo, pensar que se repetiría la diferencia de diez puntos de las dos ocasiones anteriores asomaba como bastante mezquino. La diferencia fue de 24, 34 puntos en 2017 entre Bachelet y Matthei. Ahora fue de 16,4, muy importante, pero menor.
Por si fuera poco, el aumento de nulos y blancos dejaba la posibilidad de abultar más la diferencia, si se pensaba que las posibilidades de crecimiento de la centroizquierda eran muy limitadas. El descontento no se canalizó por allí.
La cantidad de nulos y blancos muestra que una proporción de ciudadanos no entregan su confianza a nadie y prefieren mantener su independencia. Son críticos e insatisfechos, pero no son mucho más significativo que antes.
Esto augura una diferencia contundente, incluso mayor, aunque la interrogante era cómo reaccionarían los actores políticos, triunfantes y derrotados, terminados de recitarse los párrafos preparados que llamaban a la unidad y al entendimiento.
Se preveía que una diferencia en votos del tipo Bachelet-Matthei ya mencionado provocaría una conmoción destructiva en la centroizquierda y eso, me parece, es subestimar lo que ha mostrado ser este sector en esta campaña.
Es como si, para muchos analistas, el progresismo solo........
