Agua hay, lo que nos falta es convertirla en productividad
La vemos desbordar ríos, inundar potreros y perderse hacia el mar durante los inviernos. Meses después la vemos escasear, cuando animales y cultivos la necesitan. Por eso es equivocado decir que en Colombia simplemente “no hay agua”.
Lo que nos falta es capacidad para manejarla: almacenarla cuando sobra, drenarla cuando excede y conducirla y distribuirla cuando hace falta. Esa es una de nuestras grandes brechas de competitividad.
Hoy, además, atravesamos una coyuntura climática que vuelve a poner sobre la mesa los efectos de El Niño y la variabilidad del clima. Pero no podemos confundir la coyuntura con el problema estructural.
El Niño pasará. La deficiencia de infraestructura hídrica permanecerá si no la resolvemos.
Quienes vivimos del campo sabemos lo que significa producir dependiendo exclusivamente de la lluvia: sembrar con incertidumbre, planificar con incertidumbre y asumir con nuestro patrimonio un riesgo que puede ser administrado mediante infraestructura.
El empresario del campo colombiano no puede seguir planificando mirando el Almanaque Bristol, haciendo cálculos con el rosario y la camándula en la mano y rogándole a San Isidro Labrador que nos acompañe con las aguas para lograr una buena cosecha.
Un productor con agua disponible y controlada puede intensificar, tecnificar, programar ciclos, comprometer volúmenes con un comprador e invertir. El que depende exclusivamente del cielo muchas veces........
