Un pastor para este tiempo
Santa Marta, hoy tiene un Obispo joven que acompaña con discreción, sin estridencias, pero con presencia constante y un buen manejo de RRSS. Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, es un pastor cercano, de esos que no necesitan imponerse para ser escuchados.
Que bendición, en un mundo en donde todo compite por nuestra atención, donde todo es inmediato, donde todo opina, pero nada orienta, contar con una voz que invita a la reflexión —no desde el juicio, sino desde la cercanía.
Santa Marta, además, no es cualquier territorio en términos de fe. Aquí no solo comenzó una ciudad hace 500 años. Aquí comenzó una historia espiritual hace 493 años. Por este puerto entró también la religión católica al continente. Y en pocos años estaremos hablando de otros quinientos años.
Dicho así suena lejano, casi simbólico. Pero en realidad habla de algo mucho más profundo: de una fe que se ha sostenido en el tiempo, que ha cambiado, que se ha cuestionado, pero que sigue ahí. No intacta. Pero sí viva. Y totalmente renovada, las diferentes parroquias con cambio de sacerdotes florecen ante una comunidad que bendice la decisión de su obispo.
La fe no se hereda automáticamente. No basta con la tradición. Cada generación decide si la vive o la deja pasar. Podemos ser curiosos, o ambivalentes o simplemente ser verdugos. Por eso este tiempo necesita pastores distintos. Menos lejanos. Más humanos. Más conscientes del contexto en el que están. Sacerdotes, que manejen las redes y que lleven sus mensajes con sencilles, y a veces con situaciones jocosas.
Y ahí es donde la presencia de Monseñor Bacci cobra sentido. No como figura institucional.
Sino como guía de una comunidad, que, como muchas otras, vive tensiones, cambios y preguntas.
Santa Marta está en un momento importante. Se proyecta, se transforma, se discute a sí misma. Y en medio de todo eso, la dimensión espiritual sigue siendo parte de su identidad, aunque a veces no lo notemos. Tal vez su protagonismo es silencioso, pero está ahí. En las iglesias llenas en Semana Santa. En las tradiciones que aún se mantienen.
En quienes, en silencio, siguen creyendo. El Domingo de Ramos no es solo una procesión, o el Evangelio más largo de la temporada. Es un recordatorio. De lo que somos. De lo que hemos sido. Y de lo que todavía podemos ser. Reviendo el más grande sacrifico hecho por la humanidad.
Ajá Leo, ¿y hoy qué?
Hoy, bajar un poco el ritmo.
Hoy, mirar hacia adentro sin tanta prisa.
Hoy, reconocer que en medio de todo… necesitamos guía.
