Las 130 toneladas de solidaridad
A partir de ese instante, el desfile de afectos fue interminable. Nos conmovió profundamente ver la llegada constante de familias humildes de nuestros barrios que, tras presenciar en televisión la tragedia del Chocó, venían con el corazón en la mano a entregar alimentos, medicamentos y ropa. No daban lo que les sobraba; compartían lo poco que tenían con una generosidad conmovedora.
Llegó una religiosa con alumnos de un colegio popular de Barranquilla cargando pequeños aportes; vinieron albañiles directo de sus jornadas de trabajo. En fin, personas de todas las condiciones sociales demostraron que el corazón del Atlántico no solo late con efusividad, sino que se agiganta ante la adversidad. Cuando el dolor de un hermano llama a la puerta,........
