Los tres 888
Y no está mal. Trabajar también nos hace ser quienes somos. Nos permite desarrollarnos, poner a prueba nuestras habilidades, descubrir talentos y construir una parte importante de nuestro proyecto de vida. Estudiamos una carrera, aprendemos un oficio o desarrollamos una profesión pensando, en buena medida, en aquello que queremos hacer y en la manera como queremos vivir.
Sin romantizar el trabajo, buscamos en él una posibilidad de realización. Pero el trabajo también necesita límites. Una de las grandes conquistas históricas del mundo laboral fue precisamente establecer cuánto tiempo podía dedicar una persona a trabajar. De allí nace una idea que hoy parece sencilla, pero que en su momento fue revolucionaria: los tres ochos.
Ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas para nosotros. La propuesta suele asociarse con el reformador social británico Robert Owen, quien en 1817 planteó dividir el día en tres partes iguales: trabajo, recreación y descanso. En plena Revolución Industrial, cuando las jornadas podían extenderse durante doce o catorce horas, aquello significaba reconocer algo fundamental: la vida de una persona no podía reducirse a su productividad.
En Colombia, esta discusión también tiene historia. La Ley 6 de 1945 estableció una jornada que no podía exceder las ocho horas diarias ni las 48 semanales. Más........
