Amor sin venda en los ojos
Hay momentos en los que el amor no desaparece: simplemente dejamos de reconocerlo.
Sucede en la pareja. Alguien se acostumbra tanto a esperar decepción que ya no ve el gesto, la llamada, el esfuerzo, la presencia. Sucede en las familias, cuando años de heridas convierten cualquier acercamiento en sospecha. Y también puede sucedernos como país: terminamos mirando la realidad no por lo que ocurre, sino por quién lo hace.
La psicología conoce un fenómeno llamado desesperanza aprendida. Aparece cuando, después de experimentar repetidamente frustración, fracaso o impotencia, la persona termina creyendo que nada de lo que haga cambiará las cosas. Entonces deja de esperar. Y, a veces, deja también de mirar.
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