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No absolutos

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22.02.2026

De niño la cuaresma no me gustaba. Era un tiempo triste. Mi abuela casi que ni nos dejaba jugar ni hacer bulla; ella tenía la seguridad de que necesitábamos estar en silencio para poder reflexionar en torno a los misterios de la fe católica. Yo, que siempre he tenido un espíritu alegre, que me gusta hablar gritao y mamargallo constantemente, padecía este tiempo.

Luego vino la formación teológica bíblica y la comprensión de lo que este tiempo significaba en la vida de un creyente. No es una etapa triste, ni se trata de volver a vivir las situaciones del Jesús histórico. Estoy seguro de que ahí ha habido un error: por enfocarse en la manera de los acontecimientos se nos ha dejado........

© El Heraldo