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Hungría: la derrota de un sistema (aunque no del todo)

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14.04.2026

Hungría votó. Después de más de una década y media, Viktor Orbán dejó de ser el eje absoluto del poder. Pero conviene no confundirse: lo que cayó no es solo un hombre, sino un modelo. Y éste, aunque en apariencia cambia, quizá no termine de irse.

Una participación cercana al 78%, la más alta desde el fin del comunismo. Ese es un dato duro contundente. Porque cuando el electorado sale en masa, no está votando; está corrigiendo. Esto es: Hungría no eligió únicamente una alternativa, sino que activó un mecanismo de relevo político brusco frente a un sistema que llevaba años perfeccionando su permanencia.

Sin embargo, ese sistema dejó de funcionar. ¿Por qué?

Orbán no perdió por desgaste. Ni necesariamente por un cambio de concepción de la sociedad húngara. Perdió porque su fórmula -control institucional, narrativa nacionalista, clientelismo económico y tensión permanente con la Unión Europea-, empezó a mostrar fisuras en el único terreno donde los votantes no perdonan: el bolsillo.

Durante años, el régimen construyó una ilusión de estabilidad. Crecimiento selectivo, subsidios estratégicos, dinero para sus clientelas, identidad nacional como pegamento político. Pero la inflación, el estancamiento en el crecimiento económico y la dependencia de fondos europeos comenzaron a........

© El Heraldo de México