El doble terremoto que auditó al poder de un gobierno
Los terremotos no distinguen entre democracias y autocracias, entre gobiernos honestos y gobiernos corruptos, entre ideologías conservadoras o liberales.
Sacuden por igual. En consecuencia, lo que sí se da es poder distinguir la calidad del Estado. Mientras la naturaleza libera en segundos la energía acumulada durante siglos, la corrupción lleva años debilitando silenciosamente columnas, varillas, presupuestos, instituciones y mecanismos de supervisión. El sismo termina; la corrupción sigue matando.
Los dos terremotos que golpearon la costa venezolana a finales de junio, con magnitudes de 7.2 y 7.5, no sólo dejaron una estela de destrucción. También expusieron algo mucho más profundo: las grietas de un modelo político que durante décadas confundió propaganda con política pública.
El saldo humano continúa actualizándose conforme avanzan las labores de rescate y ya suma miles de fallecidos, decenas de miles de heridos y desaparecidos, además de cerca de 59 mil edificaciones dañadas o destruidas. Pero reducir la tragedia a una catástrofe natural sería una forma de absolver a quienes convirtieron la corrupción en sistema de gobierno.
La naturaleza explica el terremoto. No explica, en cambio, por qué edificios enteros se desploman mientras otros permanecen en pie; por qué conjuntos habitacionales completos, recién construidos, colapsan como castillos de naipes; por qué hospitales y escuelas edificadas bajo el........
