El rictus del terror
Otro título para este artículo podría ser “La presidenta tiene que decidir”. El tema es la encrucijada de México ante su futuro próximo. La presidenta tiene una decisión trascendental que deberá tomar. La petición de Estados Unidos de iniciar el procedimiento de extradición del ex gobernador Rubén Rocha Moya coloca a la presidenta en el dilema central de su sexenio: ¿gobernar para Morena o gobernar para México?
Andrés Manuel López Obrador gobernó exclusivamente para Morena, no para México. Prueba de ello es que privilegió la estrategia del enfrentamiento y la polarización social y política de la sociedad mexicana. Fomentó el odio como su vía preferida para consolidar el poder y justificar la destrucción del andamiaje institucional republicano de México. Gobernó al país favoreciendo la división.
Construyó un poder paralelo al Estado mexicano, con poderío militar y fuerza económica, para avanzar en la consolidación de un proyecto político fuera del orden constitucional. Los acuerdos con el narcotráfico eran una parte fundamental de ese nuevo “orden constitucional”. AMLO proponía la destrucción de los cimientos de la vida republicana de México. Pero tenía que hacerlo a hurtadillas: siendo esencialmente un ser perverso, le era natural esa conducta.
El plan que ideó al final de su sexenio definió el programa de gobierno de Sheinbaum. Propuso capturar el Poder Judicial, colonizar al INE y al Tribunal Federal Electoral (TEPJF), completar la desaparición de los órganos autónomos, mantener sus obras prioritarias, como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el AIFA y consolidar la alianza internacional con los adversarios a Estados Unidos.
La presidenta ha aplicado a pie juntillas el programa que le dejó López Obrador. Incluso en materia de seguridad, Sheinbaum, en su combo con García Harfuch, se ha dedicado a combatir a la delincuencia territorial, no la política ni la de cuello blanco. Caen líderes locales, pero se cuida de no afectar a los políticos e importantes empresarios ligados a actividades criminales. Aplica la política de “abrazos, no balazos con matices convenientes”.
Lo que destaca de su gestión es que Sheinbaum depende de la fuerza política de AMLO para poder gobernar. No tiene una fuerza política propia. Tiene fuerza burocrática prestada,........
