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Israel avanza aceleradamente en el proyecto de fragmentar Medio Oriente

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La guerra contra Irán ha adquirido todos los rasgos de una crisis regional e internacional. La semana pasada, un submarino estadounidense hundió una fragata iraní frente a las costas de Sri Lanka en el océano Índico.

Italia, España, Francia y los Países Bajos enviarán recursos navales para defender Chipre, tras el ataque con drones iraníes contra una base británica en la isla.

Paralelamente, las fuerzas israelíes han atacado posiciones militares y de seguridad iraníes en la provincia iraní del Kurdistán, para facilitar el paso a Irán de combatientes kurdos contra el régimen en Teherán, y Turquía se pone a la defensiva. Y la pieza más débil, Líbano, vuelve a ser presa del sueño de la extrema derecha israelí.

Tras el asesinato del ayatolá Jamenei, el partido-milicia libanés, Hezbolá, decidió apoyar militarmente a Irán. En respuesta, Israel intensificó sus bombardeos de pueblos y ciudades del sur de Líbano, así como varios barrios en los suburbios del sur de Beirut, estos últimos bastión tradicional del Hezbolá. Que Israel lance bombas sobre Líbano no es nuevo; lo ha hecho regularmente desde finales de la década de 1960.

Y, de acuerdo con la ONU, violó en 10 mil ocasiones el acuerdo de cese el fuego que tenía con Líbano desde finales de 2024, causando la muerte de 450 libaneses (no solo funcionarios del Hezbolá), cientos de heridos y el desplazamiento de poblaciones.  

El contexto actual ofrece a la extrema derecha israelí la oportunidad de extender su dominio político y control territorial. Con esta configuración, que recuerda a la de los años 1980 y 1990, Israel busca alterar profundamente la realidad militar y política de Líbano, al tiempo que se esfuerza por imponer condiciones que conduzcan a un acuerdo de paz en sus propios términos: el cese de las operaciones de Hezbolá y una declaración pública de renuncia a cualquier intento de reconstruir su poder militar.

Y luego de que la mayoría de los gobiernos europeos se alinearan a Washington y fueran cómplices del genocidio en Gaza, no sorprende en lo absoluto que el mensaje que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, envió a Estados Unidos e Israel, instándolos a no involucrar a Líbano en su guerra con Irán, haya sido completamente ignorado.

El fundador del sionismo moderno, Theodor Herzl, prometía a finales del siglo XIX que el "Estado judío" que imaginaba sería "la avanzada de la civilización contra la barbarie". El gobierno de fanáticos encabezado por Benjamin Netanyahu se hace eco de este proyecto sin buscar esconderlo (a diferencia de sus predecesores): con su violencia y expansionismo, debilita a los Estados regionales y agudiza el sentimiento de humillación en las sociedades. Es útil para reforzar su imagen de un país remanso de paz, asediado por fanáticos.

POR MARTA TAWIL Investigadora de El Colmex


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