60 millones para mis 60
Los 60 de su Doctor Patán se acercan a velocidad de crucero, y francamente empiezo a estresarme. Me adelanto a su pregunta: no, no por el golpazo de la llegada de la tercera edad. Eso pus ya qué. Uno se va resignando. Tampoco por el deterioro progresivo de mi rodilla derecha –rotura de ligamento cruzado que cicatrizó mal por no ir al especialista, cartílago casi inexistente, menisco ídem–, que se niega a curarse sola, como cuando uno tenía veintitantos o incluso treinta y algo. No.
Lo que me angustia es que, según parece, no puedes pertenecer a nuestro movimiento si no armas fiestas verdaderamente espectaculares, coloridas, plenas de famosos y de luces y sonido, generosotas, y eso cuesta una lana.
El guion ya está escrito. Es más: tengo la película entera, que proyecto una y otra vez en mi cabeza. No escatimaría. A la entrada, una pirámide de copas de Cristal (las copas y la champaña), para dejar claro, así, de entrada, que uno no es un nacazo, como quieren luego hacer ver los de la oposición moralmente derrotada.
Al fondo, gigantesca, una estatua de hielo con la figura del Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo (EQPMPDM), faro y guía de nuestro movimiento, en una fuente con más champañita. Por allá, una pierna de jamón ibérico, traída desde el Villa Magna de Madrid.
Revoloteando entre los invitados, chicas que reparten habanos, con –a manera de regalo– encendedores Dupont metidos en cajitas de madera de Olinalá que tienen incrustado en jade, homenaje a los pueblos originarios: “Doctor Patán 60”. Juntito a la barra, con unos vasos de Etiqueta Azul con Topo Chico, el Cuau platica con el Serge, que no se pudo traer las bermudas, porque es septiembre y ya no hace calor por las noches, pero sí los Prada.
La jornada avanza entre pláticas relajadas; atracones de ibérico y de otros canapés; risas; baile; rolas de mi Macedonio, que ya se aclaró la garganta con unos shots; poemas de mi Adán, que no lo necesita pero se deja querer por un coñaquito… Y entonces, ¡bum!: la “pièce de résistance”: un espectáculo, ya me he pasado también antes la peli, aspiracionalmente, tipo Holliday on Ice “meets” Los Alegres del Barranco, como aquel que patrocinó mi Bodocón –obvio, invitado VIP– en los 15 años de su hijastra, con mega pantallas atrás donde se ve mi vida en sus momentos más elevados, que con mis hijos en brazos, que con la señora el día de la boda, que en una selfie con el licenciado Bartlett –¡patriota!–, que en otra con mi Mario –que ya rompió la pista con “Besos de ceniza”–, que con, por fin, tremenda foto junto al EQPMPDM.
El único problema es que no tengo los 60 millones que le calculo al convivio. Vaya: ni seis. Por eso, quiero iniciar la campaña: “60 millones para mis 60”. Tenemos tres años. Es momento de empezar. Se aceptan donativos en especie.
