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¿Qué les aguarda a las humanidades?

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21.02.2026

El pasado 12 de enero, la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) de la UNAM anunció en su convocatoria que analizaría el número de aspirantes registrados en las licenciaturas de baja demanda, a fin de determinar si estas se mantendrían en la oferta para el ciclo escolar 2026-2027. Entre las carreras bajo análisis se encontraban tres del Colegio de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras.

La reacción desde las humanidades no tardó en llegar y varios criticaron que tal anuncio fuera el preludio del cierre de dichas licenciaturas por parte de la Universidad. Ante esto, el consejo técnico de la facultad emitió un comunicado en el que expresó su preocupación y subrayó la relevancia de mantener Letras Modernas. Para mitigar la polémica, el rector Leonardo Lomelí afirmó que no se tenía planeado “cerrar en este momento ninguna carrera”.

Lo cierto es que la inquietud ante la desaparición de programas de humanidades es una consternación legítima, más allá de los comunicadores institucionales. Se trata de un fenómeno presente también en Estados Unidos, donde estos programas enfrentan una crisis (no nueva, cable aclararlo) debido a reordenamientos administrativos, recortes presupuestarios y batallas ideológicas. En diciembre de 2025, estudiantes de la Universidad Estatal de Montclair, en Nueva Jersey, realizaron un funeral simbólico por disciplinas como Historia, Antropología, Filosofía, Sociología y Lingüística. La protesta surgió después de que la institución eliminara los departamentos con presupuesto propio para integrarlos en escuelas temáticas, una medida que terminaba por empaquetar las materias humanidades.

El pasado 20 de enero, el diario The Guardian publicó un artículo en el que señalaba que el caso de Montclair no era un hecho aislado, ya que recortes presupuestarios, desaparición de departamentos o suspensiones en las admisiones de diversos programas de humanidades estaban ocurriendo también en la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Chicago. El discurso de estas instituciones, muy similar al de la UNAM, priorizaba criterios de oferta y demanda, desestimando el valor de las humanidades ante una baja matriculación. Es, pues, un lenguaje corporativo que penetra cada vez más ámbitos y que golpea con especial dureza a las y los humanistas.

 Entonces, ¿qué futuro les espera a las humanidades en un mundo que mide el valor solo con la vara del mercado? Es innegable que la demanda en algunas carreras ha disminuido, lo que abre interrogantes necesarias sobre cómo se proyectan estas disciplinas ante la sociedad. Sin embargo, el pensamiento crítico es hoy más urgente que nunca, justo cuando la inteligencia artificial empieza a dominar lo que leemos y vemos. ¿Acaso esa capacidad crítica y la libre investigación se perciben como amenazas para las estructuras de poder? No olvidemos que la esencia de las humanidades es cuestionar el sistema. Claro que esto incomoda, pero si no lo hiciera, no sería humanista.


© El Heraldo de México