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El dedazo

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29.04.2026

Fue la práctica política característica del PRI: todo lo decidía el Presidente de la República. Desde 1929 hasta 1994, los mejores amigos y más leales colaboradores se convertían en diputados, senadores y gobernadores. El dedo divino señalaba, cada seis años, al futuro titular del Ejecutivo, y todos como focas aplaudían.

Era una facultad metaconstitucional, un don que poseía el dueño del partido, y primer priista del país. Se valía patalear, pero tu carrera se estancaba si no estabas de acuerdo con la decisión de los “tres sectores del partido único”.

Era ejemplo de falta de democracia internacional aunque se hacía toda la faramalla completa: precandidaturas, simulacros de consulta a la base, procesos internos, pero al final, el Jefe........

© El Heraldo de México