Denigración de la política
La efeméride negra de hoy rememora aquel día en el cual, ante la ausencia del diálogo político, hablaron las bocas de fuego. Eso ocurrió la noche del dos de octubre: la sangre llegó a la Plaza de las Tres Culturas.
Importa recordarlo porque, de nuevo, se está denigrando a la política en un momento delicado. Justo cuando el país se halla en una encrucijada, teniendo además en puerta una elección que, por naturaleza, subrayará las diferencias y no las coincidencias, y cuando el crimen organizado puede más que la política desorganizada.
En tiempos de venganza y de revancha, pocos están dispuestos a pensar, oír y hablar de política: diálogo, negociación y acuerdo. Sin embargo, nunca estará demás insistir en su utilidad. Se sabe, donde termina aquella, empieza la violencia. Más vale ver y entender el panorama completo, en vez de asomarse a un abismo profundo.
El caldo que, con la irresponsable desmesura de sus asertos, calienta la clase política —amenizada por algunos intelectuales y su orquesta— cultiva la violencia. Anima, sin decirlo, a los espontáneos que con el cuchillo entre los dientes se inclinan por la acción directa para salir, de una vez por todas, de quienes estorban.
La increíble exageración con que unos y otros se refieren al contrario reemplazó el argumento por el insulto y, como reacción en cadena, se pasó del diálogo sin consecuencia al debate deslenguado y, de ahí, a la disputa sin........
