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Nuevamente, con la guerra, la energía vuelve a dictar la economía

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07.03.2026

Una semana después del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el conflicto dejó de ser un episodio lejano para convertirse en un factor que ya altera decisiones económicas, expectativas financieras y cálculos políticos en buena parte del mundo.

El problema ya no es solo militar o diplomático. Es, de nuevo, energético. Y cuando la energía entra en zona de riesgo, la economía global entera empieza a resentirlo.

La razón es conocida, pero su magnitud en este episodio resulta extraordinaria. El estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los grandes cuellos de botella del sistema económico mundial: por ahí transita alrededor del 20 por ciento de los embarques mundiales de crudo —más de 14 millones de barriles diarios— y una porción similar del comercio global de gas natural licuado. Cuando esa vía entra en riesgo, el mercado deja de pensar en estabilidad y comienza a poner precio a la interrupción.

Eso ya ocurrió con fuerza inusual. El WTI cerró el viernes en 90.90 dólares por barril —su mayor ganancia semanal en la historia del contrato de futuros, desde 1983— y el Brent en 92.69 dólares. Barclays ya contempla un Brent en 120 dólares si el conflicto se prolonga, y Goldman Sachs advierte que los 100 dólares podrían llegar en cuestión de días si los flujos por Ormuz no se normalizan.

Pero el petróleo es apenas la primera capa.

El gas puede convertirse en un golpe aún más corrosivo, especialmente para Europa y Asia. Qatar es el mayor exportador individual de GNL (gas natural licuado) del mundo, con más de 75 millones de toneladas anuales. Esta........

© El Financiero