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Delirios imperiales, o cómo antagonizar aliados y fortalecer a tus enemigos

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21.01.2026

En los albores del siglo XI, el rey Canuto el Grande (quien tras conquistar la Inglaterra anglosajona, había forjado un imperio del Mar del Norte que integraba su natal Dinamarca, Noruega e Inglaterra) buscó demostrar a sus cortesanos zalameros los límites reales del poder. Sentado frente al mar, ordenó al oleaje detenerse y sentenció: “Todo el poder de los reyes resulta vano ante los límites del mundo”. Era una lección de humildad para su corte: incluso el monarca más poderoso debía reconocer que existen fronteras infranqueables. Mil años después, otro líder sin noción alguna de fronteras de toda índole y con ambiciones sobre territorios daneses pasa por alto aquella admonición. La obsesión de Donald Trump por hacerse con Groenlandia -expresada mediante amenazas a Dinamarca y, por extensión, a Europa entera- no solo revive ecos de un imperialismo rancio, sino que amenaza los cimientos mismos de la Alianza Occidental y su OTAN. Donde Canuto predicó prudencia ante lo imposible, Trump exhibe una hibris sin límites que desafía tanto la geografía como las relaciones internacionales del siglo XXI.

La renovada determinación de Trump por adquirir Groenlandia representa mucho más que un pulso por hacerse de minerales esenciales, negarle a otras potencias la capacidad operativa en el Ártico o crear una distracción de política interna ante encuestas en picada y el escándalo Epstein. Es, ante todo, en el año que se celebrará el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos -y espoleado por el ejemplo de su héroe, el Presidente McKinley (quien anexó Hawái y ocupó Cuba, Guam, Puerto Rico y Filipinas)- un intento pueril por expandir en el mapamundi el territorio del país. Pero también marca, sin duda, un peligroso punto de inflexión para Estados Unidos y una señal alarmante para el resto del mundo (con la excepción de Rusia y China que lo ven como la coartada para justificar su agresión en Europa y su anhelo de hacerse con Taiwán): un momento en el cual la ambición imperial choca con las obligaciones de los tratados, donde la coerción sustituye a la colaboración y donde las alianzas más fundamentales de EE.UU se enfrentan a una amenaza existencial proveniente no de adversarios en Moscú o Beijing, sino del propio inquilino en turno de la Casa Blanca.

Cuando Trump amaga con que EE.UU hará algo con respecto a Groenlandia “les guste o no”, no solo está intimidando a su aliado Dinamarca. Está desmantelando sistemáticamente siete décadas de una arquitectura de alianzas construida sobre el respeto mutuo, la integridad territorial y el Estado de derecho. Groenlandia no es un asunto marginal para los europeos ni hay necesidad de especular sobre el escenario de una posible confrontación; lo ocurrido hasta ahora ya es de por sí alarmante. Como advirtió la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, un ataque a Groenlandia significaría el fin de la OTAN, y las recientes declaraciones de cinco líderes europeos........

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