La verdadera aristocracia
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Ningún ruido me alertó de su presencia. Giré sobre la silla del escritorio para buscar un libro en las baldas inferiores de las estanterías. Entonces la vi, junto a la ventana, bebiendo del agua que se posa en los platos de las macetas. Dicen que las urracas son capaces de reconocer su imagen delante de un espejo, y que pueden distinguir las caras de las personas conocidas. El instante de su mirada fue ínfimo. Antes de que pudiera preguntarle cómo había averiguado que aquí podía calmar su sed, alzó el vuelo.
Las veo en el tejado de la casa de enfrente casi todas las mañanas. Dos o tres urracas desplazándose con saltitos que me resultan graciosos. Ante mis ojos lucen iguales, vestidas con su plumaje blanquinegro, tan elegantes, como para ir a un desfile de la casa Chanel. También las veo entrando o saliendo de los agujeros que hay en la pared de ladrillos calados del bloque 47, su condominio durante todo el año. A pesar de........
