Promoción abelardista de la autocensura
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Uno de los “milagros” del taumaturgo presidente De la Espriella parece ser el de, sin requerir un tribunal de la inquisición que censure y mande callar en hogueras a los blasfemos y cuestionadores de su credo, el de imponer, a veces sin tanto bullerengue, la autocensura. Es mejor para el reyecito, o por lo menos una actitud más disimulada, poner un control con anestesia a la información. Y auspiciar entre los periodistas aquello que va en contra de la libertad de expresión y pensamiento: no decir nada, o solo volear el incensario.
“¡Ojo que están echando!”, puede ser una de las sutilezas implementadas por el poder para irradiar…
“¡Ojo que están echando!”, puede ser una de las sutilezas implementadas por el poder para irradiar miedos y establecer vigilancias. Lo que es incuestionable es que todo censor es débil y miedoso. Teme a la crítica y a otras posiciones que pueden, como en el cuento, hacer que los pisoteados lo vean empelota. Parece que la idea no es, como en otros tiempos, cerrar periódicos y emisoras (aunque ya veinte de las Emisoras de Paz fueron intervenidas), sino velar la información, oficializarla, colarla en el cedazo oficial.
Quien censura, teme. Es incapaz de la confrontación y los debates. Apela, a veces a la fuerza, y en........
