Falocracia electoral con politiquería de braguetas
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Lo tenés grande (“qué glande”, dirá el chinito) o chiquito. O no tenés nada. La falocracia en boga, va y viene, desde tiempos sin memoria. ¿Qué es lo importante: el tamaño, el grosor, el diámetro? Nada. Al David, de Miguel Ángel, podría importarle un pepino, o una pedrada, o una honda al garete, el tamaño. Guarda las proporciones áureas, la belleza armónica, la sensación de la perfección en el mármol y sus plásticas formas. Qué pena la “penocracia”. Hay que estar inventando palabras para referirse a esa porción colgante que, según Leonardo, es por donde piensa el hombre.
Un candidatico presidencial (vaya, si cualquiera puede serlo) ha puesto en boga, por su vulgaridad más que por alguna revelación freudiana, el instrumento que, en español (y tal vez en todas las lenguas) tiene múltiples formas de designación. El pene y Penélope no son hermanos. Esta mujer, tejedora y de larga paciencia, esperó veinte años a su marido, mas no por el pene, sino por la pena de la ausencia. Como un entramado mecanismo contra el olvido.
Se puede aclarar en este punto que no ha sido el gran Leonardo quien ha dicho (aunque pudiera serlo) tal aseveración: “el hombre piensa con el pene”, pero........
