Presagio
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Antes de morir, mi amigo Eduardo esperaba un signo o un presagio. Pasó la vida aprendiendo de un maestro o una maestra, que podían ser o no humanos, como quien espera una respuesta de una palabrera o un profeta. Apostaba a que sus compañeros y compañeras, a quienes había perdido o dejado atrás, no fuesen el signo que buscaba. Pero sabía también que mientras continuase utilizando su astucia podría distinguir entre las cosas que son signos y las que son meras apariencias. Y temía que esa lógica fuese la razón de su derrota. Ello le llevaba al límite de su razón y de su paciencia, y se sentía como una mascota que gime en la noche atrapada por una cadena y a la que nadie escucha. Eduardo enseñaba filosofía así que aquello no era poca cosa. El temor a ser llevado al límite por la atmósfera de violencia que nos rodea, a perder la razón, la voluntad, o la paciencia. Pensaba que así se sentían los combatientes que regresan de la guerra y los que no pueden escapar de ella.
Es el terror que se respira en el Caribe militarizado por el wannabe King of the Americas, y en la frontera mediterránea entre Africa y Europa, donde se ahogan los que escapan de sus países en guerra y con cuyos destinos juegan las mafias, los reyes, y los líderes de ultraderecha. Es........
