La feria de las vanidades
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En sus orígenes, la política se relacionaba con la organización de la ciudad y el Estado, una acción encaminada a lograr que las sociedades funcionaran con orden y se lograra el bien común de los ciudadanos.
Lamentablemente, ya queda muy poco de los preceptos de Aristóteles. El egoísmo, la rapiña y la deslealtad han usurpado las dinámicas, y una voracidad evidente o soterrada se ha bebido sorbo a sorbo el deber ser, hasta convertir el ejercicio de la política en la versión siglo XXI de la feria de las vanidades.
Si la ética fuera un ser vivo, sería una especie en extinción… algo así como un oso panda o un ajolote mexicano. Son poquísimos los políticos que saben y ejercen un precepto sagrado: la ética y la lealtad no se negocian.
En medio de la compraventa de intereses y poderes, la integridad se ve como un lazarillo en desuso, un abrigo devorado........
