Hasta la vejez es un triunfo
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Escribo esta columna el domingo 8 de marzo, Día de la mujer y día de elecciones.
Me devuelvo a mediados del siglo pasado, Hospital Americano en Neully-Sur-Seine; es abril, abro los ojos en un quirófano enchapado en baldosines; hay mesas de metal y una lámpara de luces redondas y estridentes. Extraño lo único que había sentido hasta entonces: una tranquila flotación en el pequeño mar dulce que ocupaba el útero de mi mamá. Pero bueno, afuera está la primavera, y eso da esperanza
Nací niña porque la suerte o los cromosomas así lo decidieron, pero nadie me preguntó si yo quería ser mujer. Agradezco infinitamente la sentencia que la naturaleza dictó en mi nombre, pero es curioso que una de las decisiones más importantes del ser humano, las tome el azar y no quien debe asumir las consecuencias por el resto de su vida.
Desde siempre me ha emocionado ser........
