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Fernando González Ochoa, un hombre de Otraparte

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14.09.2026

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Poco antes de que Fernando González Ochoa falleciera, el 16 de febrero de 1964 en Otraparte, su casona de Envigado, Gonzalo Arango, uno de sus discípulos, de sus amigos, contradictor y cómplice de sus ideas al mismo tiempo, y en fin, uno de sus solitarios elegidos, escribió que había sido “odiado por quienes no lo comprendieron, por quienes se escandalizaron con su verdad desnuda. Él no odió a nadie, no quiso ofender a nadie: sus ofensas no eran a personas o instituciones, sino a la vanidad en ellas. Si la verdad duele, es porque mata en nosotros la mentira de que vivimos”. Unos años antes, Gabriela Mistral leyó algunos de sus…

Poco antes de que Fernando González Ochoa falleciera, el 16 de febrero de 1964 en Otraparte, su casona de Envigado, Gonzalo Arango, uno de sus discípulos, de sus amigos, contradictor y cómplice de sus ideas al mismo tiempo, y en fin, uno de sus solitarios elegidos, escribió que había sido “odiado por quienes no lo comprendieron, por quienes se escandalizaron con su verdad desnuda. Él no odió a nadie, no quiso ofender a nadie: sus ofensas no eran a personas o instituciones, sino a la vanidad en ellas. Si la verdad duele, es porque mata en nosotros la mentira de que vivimos”. Unos años antes, Gabriela Mistral leyó algunos de sus textos y dijo que lo habían sacudido hondamente. “Hay en él una riqueza tan viva, un fermento tan prodigioso, que ello me recuerda la irrupción de los almácigos en humus negro. ¡Es muy lindo estar tan vivo!”.

Ernesto Cardenal se preguntaba: “¿Quién es Fernando González?”, y respondía: “Es un escritor inclasificable: místico, novelista, filósofo, poeta, ensayista, humorista, teólogo, anarquista, malhablado, beato y a la vez irreverente, sensual y casto… ¿Qué más? Un escritor originalísimo, como no hay otro en América Latina ni en ninguna otra parte que yo sepa”. Era místico, aunque lo hubieran condenado desde su adolescencia por ateo. Era antioqueño hasta en sus sueños, pero, como........

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