Jugando con candela
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Como valentones de barrio autoerigidos en caudillos, el presidente electo y el mandatario en funciones sacrifican a su vanidad la estabilidad institucional del país, con riesgo de violencia en esta Colombia tan dada a dirimir a bala las diferencias políticas. Se deslegitiman ellos recíprocamente. Uno, desconoce el resultado electoral certificado alegando fraude sin pruebas y anuncia desobediencia civil habiendo estatuto de oposición; el otro, trata al presidente de criminal-corrupto-golpista-extraditable. Un puñetazo propinado a dos manos contra la democracia y el pluralismo. Peor aún, al delirio de un presidente que parece solazarse en los descalabros de sus arrebatos responde el inmaculado Abelardo con suspensión del empalme “corrupto”. Pide melodramático a los uniformados desobedecer órdenes arbitrarias y, a gobiernos amigos, vigilar la amenaza al orden constitucional.
Mientras el país contiene el aliento, se apertrechan los bandos........
