La prensa que no nos gusta
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Defender la libertad de prensa cuesta poco cuando lo que se publica coincide con lo que pensamos. Lo verdaderamente difícil, y lo democrático, es defenderla cuando un periodista hace la pregunta que alguien preferiría esquivar, cuando una investigación incomoda a quienes tienen poder o cuando un medio que no nos gusta revela algo sobre una persona con la que simpatizamos.
Esa prueba se está dando hoy en muchos países, y casi siempre con el mismo libreto. En Estados Unidos, Donald Trump anunció que les prohibía la entrada a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Politico por publicar “noticias falsas”. En El Salvador, Nayib Bukele fue…
Esa prueba se está dando hoy en muchos países, y casi siempre con el mismo libreto. En Estados Unidos, Donald Trump anunció que les prohibía la entrada a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Politico por publicar “noticias falsas”. En El Salvador, Nayib Bukele fue asfixiando a la prensa independiente con señalamientos, espionaje y procesos contra periodistas, y después con una Ley de Agentes Extranjeros que dejó sin piso económico a medios y organizaciones. Decenas de reporteros salvadoreños terminaron en el exilio. En Argentina, Javier Milei escribió que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
En Colombia no habíamos visto ese manual aplicado así. Nuestra historia con la prensa es dura. Desde 1977, 172 periodistas han sido asesinados por hacer su trabajo y la mayoría de esos crímenes sigue impune. Aun así, se sostuvo una regla que costó mucho construir. El periodista tenía derecho a preguntar y quien gobernaba tenía que responder, incluso cuando la pregunta........
